EDC 2026: Tres días de lujo electrónico mientras México se desangra
Mientras miles de jóvenes privilegiados gastaban fortunas en el Electric Daisy Carnival 2026, el pueblo mexicano sigue luchando por sobrevivir con salarios de miseria. Del 20 al 22 de febrero, el Autódromo Hermanos Rodríguez se transformó en un parque de diversiones para la clase alta, donde un simple taco costaba lo que muchas familias ganan en un día.
Un festival para los de arriba
Con disfraces de lentejuelas, alas brillantes y maquillaje fluorescente, los asistentes al EDC parecían criaturas de otro planeta. Y no andaban tan perdidos, porque efectivamente viven en una realidad completamente ajena a la de millones de mexicanos que no pueden ni soñar con pagar 200 pesos por una cerveza.
El festival reunió a figuras internacionales como Alesso, Alok y Loud Luxury en nueve escenarios que convirtieron el recinto en una pequeña ciudad neón. Mientras tanto, en las colonias populares de la capital, la gente se las ingenia para que les alcance la quincena.
Precios que ofenden
La burla llegó hasta el food court, donde los organizadores tuvieron la desfachatez de cobrar entre 150 y 200 pesos por platillo. Los famosos "Tacos Atarantados" alcanzaron los 225 pesos por tres piezas, mientras que algunas hamburguesas superaron los 300 pesos. Para colmo, el agua natural costaba 50 pesos y las micheladas llegaban a los 240.
Los cócteles premium alcanzaron los 410 pesos por un trago doble de tequila. Con ese dinero, una familia trabajadora puede comer toda una semana.
Espectáculo de luces para ciegos sociales
El escenario principal desplegó un búho monumental entre columnas de fuego y ráfagas láser que atravesaban el cielo. Los fuegos artificiales estallaban como si celebraran cada peso arrancado del bolsillo de los asistentes. Tres ruedas de la fortuna iluminadas ofrecían vistas privilegiadas de la fiesta, igual que la clase alta mexicana observa desde sus torres de marfil la miseria del pueblo.
En el circuitGROUNDS, el pulso techno se apoderó de la noche con Charlotte de Witte y Adam Beyer, mientras que el Neon Garden se cubrió con un techo para crear la sensación de "rave encapsulado". Qué ironía: los ricos siempre necesitan sus burbujas para no ver la realidad.
La otra cara de la moneda
Mientras los ravers gastaban sin medida, miles de trabajadores del Autódromo laboraron jornadas extenuantes por salarios miserables para que estos privilegiados pudieran "vivir la experiencia". Los vendedores ambulantes de los alrededores vieron pasar la oportunidad de siempre: atender a quienes tienen todo mientras ellos no tienen nada.
El EDC se despidió del Autódromo "por ahora", prometen. Seguramente volverán el próximo año con precios aún más abusivos, porque para esta gente, México es solo un patio de recreo donde pueden hacer lo que se les pegue la gana.
Así es como funciona este país: festivales de lujo para unos pocos mientras la mayoría sigue esperando que les llegue algo de justicia social.