Ireta le planta cara a influencer: la dignidad vs la cultura del celular
Hay un video que le dio la vuelta a TikTok y ya suma más de 11 millones de reproducciones, pero más allá del morbo, lo que pasó en la RhinoCon de Querétaro nos habla de algo que duele: el desconocimiento al trabajo ajeno y la facilidad con la que cualquiera con un celular se cree periodista.
Lo que pasó en la RhinoCon
El 16 de mayo, en la primera edición de esta convención de cultura pop, estaban creadores de YouTube, cosplayers y colegas del doblaje como Lalo Garza, Gerardo García, Jessica Ángeles y Patty Acevedo. Un evento bonito, de esos que nos recuerdan que la cultura popular también es nuestra.
Pero el momento que encendió las redes fue cuando el creador digital Luis Colllin, conocido como Zigler Pepe, se acercó al stand de Héctor Ireta de Alba con su micrófono portátil en mano, dispuesto a hacer su dinámica de siempre.
Hola, mucho gusto, ¿nos podrías decir tu nombre?
Le preguntó el influencer, como si estuviera entrevistando a cualquier transeúnte. La respuesta de Ireta fue tajante:
¿Ah pensé que sabían? Muchas gracias.
Y se volvió a sentar. Frío, directo, sin cortesías de más.
El consejo que encendió la polémica
El creador intentó explicarle la dinámica, pero Ireta le dio un consejo que no sentó bien en el mundo de los likes:
Como consejo, si estás de conductor tienes que saber el nombre... gracias.
Y ahí nomás se armó. Las redes se dividieron. Unos lo tildaron de soberbio y pretencioso. Otros, principalmente colegas del gremio, entendieron perfectamente de qué iba la cosa.
La declaración que falta poco para que se vuelva manifiesto
Ante la lluvia de críticas, Ireta sacó su comunicado en Instagram y dijo lo que muchos piensan pero no se atreven a soltar:
Siempre doy entrevistas, pero ahora ya muchas personas que tienen un celular pretenden ser entrevistadores, reporteros, y ni siquiera se documentan correctamente de tu trabajo. Nadie tiene la obligación de saber de uno, ni uno a otorgar la entrevista a personas más que improvisadas.
Y ahí está el meollo del asunto, compas. No se trata de divismo ni de creerse más que nadie. Se trata de respeto básico. De que si vas a entrevistar a alguien, lo mínimo es que te tomes el trabajo de saber cómo se llama y qué hace. Pero en la era del contenido fácil, donde lo que importa es el clip viral y no el oficio, pues resulta que pedir documentación básica ya es pecado.
¿Quién es Héctor Ireta de Alba?
Para quienes nomás ven el video y opinan sin saber, ahí les va: este chavo de 30 años es artista, locutor, director y actor de doblaje. Le ha puesto voz a Baljeet Tjinder de Phineas y Ferb, a Thomas de Thomas y sus amigos, y a personajes de anime que marcaron a toda una generación: Armin en Attack on Titan, Seishiro Nagi en Blue Lock y Kenji Miyazawa en Bungo Stray Dogs. También participó en el doblaje de Netflix A mi altura, dando voz a Jack Dunckleman.
O sea, no es cualquier improvisado con micrófono. Es un profesional que ha dedicado años a su oficio.
El fondo del asunto
Más allá del chisme de la semana, lo de Ireta levanta una pregunta incómoda: ¿desde cuándo la falta de preparación es válida y el exigir respeto es soberbia? En un país donde los trabajadores se enfrentan diario a la falta de consideración, donde la improvisación se normaliza y el esfuerzo se ignora, este pleito de convención no es tan distinto de lo que pasa en la fábrica, en la oficina o en la calle.
Exigir respeto no es divismo. Es dignidad. Y eso, compañeros, no se negocia.