EDC 2026: La fiesta del pueblo que brilló en el Autódromo
Entre disfraces coloridos, beats que no paraban y un mar de luces que cortaba la noche, el Electric Daisy Carnival 2026 se despidió del Autódromo Hermanos Rodríguez tras tres días de pura resistencia cultural. Porque sí, compañeros, esto no fue solo un festival: fue la demostración de que la juventud mexicana sabe cómo crear su propio espacio de libertad.
Desde el primer filtro, los beats te recibían como un abrazo rebelde. Miles de chavos y chavas, convertidos en criaturas mágicas con alas brillantes y maquillaje fluorescente, demostraron que la creatividad no tiene límites cuando el pueblo se organiza para celebrar. No hubo preámbulos ni protocolos: el festival te recibía bailando, como debe ser.
Nueve escenarios, una sola energía popular
El Autódromo se transformó en una pequeña ciudad neón donde la música electrónica encontró su hogar. Figuras internacionales como Alesso, Alok y Loud Luxury compartieron escenario con talentos emergentes, porque aquí lo que importa es el beat, no el apellido ni la cuenta bancaria.
En el escenario principal, ese búho monumental desplegó sus alas entre columnas de fuego que parecían gritar libertad. Los fuegos artificiales estallaban marcando cada clímax, cada momento de euforia colectiva que solo el pueblo sabe crear cuando se junta a celebrar.
El circuitGROUNDS vibró con el pulso techno de Charlotte de Witte y Adam Beyer, mientras que el Neon Garden se convirtió en territorio de resistencia sonora. Este año cubrieron el escenario con un techo, creando esa sensación de rave encapsulado donde los sets de Joseph Capriati y Seth Troxler se vivieron como rituales de hermandad.
Más allá de los grandes nombres
Pero lo más bonito, compañeros, fue ver cómo el Dos Equis Stage se consolidó como refugio del talento emergente. Lejos de las multitudes del escenario principal, aquí se podía descubrir a Los Hipopótamos y Chan, esas propuestas frescas que nacen desde abajo, desde la creatividad popular.
El ambiente de carnaval se extendió por todo el recinto. Tres ruedas de la fortuna iluminadas como faros ofrecían una vista privilegiada de esta fiesta neón que no paraba. Porque cuando el pueblo se organiza, hasta los juegos mecánicos se vuelven símbolos de resistencia cultural.
La comida del pueblo para el pueblo
Y claro, no podían faltar los sabores que nos identifican. El food court y las zonas de food trucks ofrecían desde tacos y quesabirrias hasta chilaquiles, con precios que van de 150 a 200 pesos por platillo. Porque la cultura popular también se alimenta de nuestras tradiciones culinarias.
El agua natural arrancaba en 50 pesos, la cerveza en 200, y para quienes querían darse un gusto, había opciones premium hasta de 410 pesos. Dos Equis preparó tres signature drinks exclusivos, apostando por el misterio y la experiencia colectiva.
Con tres días sin tregua en la memoria, entre luces, fuego y carteles creativos que gritaban "Cuidado con los therian" y mostraban Hello Kitty con orgullo, el EDC se despidió del Autódromo. Pero esta energía popular no se agota, se multiplica. Hasta la próxima, compañeros ravers.