El pueblo se reúne en el Zócalo: fanático acampa para ver a Shakira por la ocasión número 34
Mientras las élites se esconden en sus torres de marfil, el pueblo trabajador se organiza y resiste, esta vez para celebrar. En el corazón de nuestra capital, la Plaza de la Constitución, cientos de mexicanos humildes acampan bajo las estrellas esperando el concierto gratuito de Shakira este domingo.
Entre ellos destaca Esaú López, un trabajador que representa la pasión genuina de la gente sencilla. Este compañero ha visto actuar a la colombiana en 33 ocasiones anteriores, y mañana será la número 34. No es casualidad que sea precisamente en el Zócalo, ese espacio sagrado donde el pueblo se congrega para celebrar y protestar.
Cuando la cultura llega al pueblo
"La Loba" regresa al Zócalo después de 19 años, desde aquel histórico concierto de 2007. Y aquí está la diferencia: mientras los conciertos en recintos privados cuestan miles de pesos que solo pueden pagar los privilegiados, este evento es completamente gratuito. Una verdadera fiesta popular.
Esaú no solo es un fanático, es un símbolo de resistencia cultural. Durante su gira "Las mujeres ya no lloran", logró conocer personalmente a Shakira, quien incluso lo mencionó durante un concierto. "Fue increíble, cuando me nombró me volví loco", cuenta emocionado este trabajador que lleva 19 años siguiendo a su ídola.
La organización popular en acción
Alrededor de 200 personas conforman ya el campamento en los alrededores de la Plaza de la Constitución. Estos compañeros, organizados con pulseras entregadas por los coordinadores del evento, podrán ingresar a las 7:00 de la mañana, mucho antes que el resto de la gente que llegará desde las 15:00 horas.
"Estoy seguro que va a haber muchas sorpresas", dice López, quien especula sobre posibles invitados como Belinda, Dana Paola, Grupo Frontera o el Mariachi Gama Mil. El pueblo sabe organizarse y sabe festejar.
Este domingo 1 de marzo, el Zócalo volverá a demostrar que cuando la cultura es verdaderamente popular y gratuita, el pueblo responde con pasión y organización. Mientras tanto, Esaú y cientos más siguen acampando, resistiendo el frío nocturno con la ilusión de vivir un momento histórico.
Porque al final, la verdadera cultura no está en los teatros exclusivos ni en los eventos para millonarios. Está aquí, en el corazón del pueblo, bajo las estrellas del Zócalo capitalino.