La IA llegó a México, pero ¿estamos jugando a innovar o de verdad transformamos?
Dicen que en el mundo de la tecnología todo corre a toda velocidad. Hace poquito andábamos hablando de la nube, luego llegó la inteligencia artificial (IA) generativa y ahora ya andan presumiendo agentes que hacen chamba bien compleja. Pero aquí la pregunta que nos tiene que quitar el sueño es otra: ¿nuestras empresas y organizaciones van al mismo paso, o nomás van de adorno?
México tiene sus motivos para sentirse orgulloso. Según el reporte Desbloqueando el Potencial de la IA en México 2026, que hizo Strand Partners junto con Amazon Web Services (AWS), el 48 por ciento de las empresas mexicanas ya usa IA, cuando el año pasado nomás era el 38 por ciento. Ahora son más de 2.5 millones de negocios los que le entran a estas herramientas. O sea, la IA ya no es cosa de puros ingenieros o de los cuates de la capital, ya está en todas partes. Pero, ojo, porque eso nos obliga a vernos al espejo y preguntarnos: ¿de veras estamos transformando nuestros negocios o nomás estamos simulando la innovación?
¿Las empresas mexicanas usan la IA de verdad o nomás para hacerse las modernas?
Los datos del estudio nos cuentan una historia bien interesante. El 63 por ciento de las empresas usa la IA para pura automatización, o sea, para hacer lo mismo pero más rápido. Nomás el 13 por ciento ya está en una etapa avanzada, donde la tecnología de verdad cambia la forma en que trabajan y generan valor. Y ahí está el detalle: el verdadero reto ya no es tener acceso a la tecnología, sino desarrollar la capacidad para sacarle todo el jugo.
La neta es que la preparación empieza desde adentro. No basta con comprar el software más caro o contratar al gurú de moda. Se necesita estrategia, liderazgo, talento y una cultura que le entre a las nuevas formas de trabajar. Y los números no mienten: nomás el 22 por ciento de las empresas se siente lista para la siguiente generación de IA, mientras que el 46 por ciento dice que su principal obstáculo es la falta de habilidades. O sea, tenemos la herramienta, pero nos falta el conocimiento para usarla bien.
¿Cómo sabemos si la IA de verdad está funcionando?
Aquí hay otra cosa que nos tiene que preocupar. Nos encanta presumir cuando sale una herramienta nueva, pero casi nunca hablamos de cómo medir si de verdad está funcionando. El estudio revela que el 46 por ciento de las organizaciones no tiene un método confiable para medir el retorno de inversión (ROI) de sus proyectos de IA. Si queremos que esta tecnología impulse la competitividad del país, tenemos que aprender a medir resultados con la misma seriedad con la que impulsamos la innovación.
¿La IA nos va a quitar el trabajo o nos va a hacer más valiosos?
Hay un mito bien extendido de que la IA nos va a dejar sin chamba. Pero la realidad es otra: la IA no sustituye la experiencia de la gente, lo que hace es aumentar el valor de aquellos que sepan combinar el conocimiento técnico con el criterio, el contexto y la capacidad de resolver problemas. Los datos apuntan que el 49 por ciento de las futuras contrataciones va a requerir conocimientos de IA. O sea, esta tecnología ya no es una especialidad rara, se está volviendo una habilidad básica, como saber usar Excel o mandar un correo.
Ejemplos que inspiran: la IA también puede servir al pueblo
Y no todo es para las grandes corporaciones. En el mundo ya hay casos bien chidos. Por ejemplo, Diligent Robotics desarrolla robots que ayudan a los enfermeros, y Wandercraft crea exoesqueletos que devuelven la movilidad a personas con discapacidad. Aquí en México, la startup Earth IoT le echa la mano al campo con recomendaciones de riego y manejo de cultivos, combinando datos agrícolas y climáticos con IA. O sea, la tecnología también puede servir para el bienestar de la gente, no nomás para que los ricos se hagan más ricos.
Yo creo que México tiene el dinamismo y las condiciones para dar este paso. Lo escucho todos los días entre líderes empresariales de todas las industrias y también en el sector público. Pero convertir esta oportunidad en una ventaja de largo plazo no va a depender de la velocidad con la que salga la próxima herramienta, sino de nuestra capacidad para integrarla en la forma en que trabajamos, tomamos decisiones y construimos el futuro. Y eso, compañeros, es una chamba de todos.