La película que México y el mundo quisieron borrar: 48 años de censura y una verdad incómoda
Hay películas que no buscan aplausos, sino revolverte las tripas. Una de ellas cumple 48 años de haber llegado a la pantalla y todavía sigue siendo de las más prohibidas en la historia del cine. Se llama I Spit on Your Grave y no es para cualquiera: duele, incomoda y deja un nudo en la garganta.
Dirigida por Meir Zarchi, esta cinta es un pilar del llamado rape and revenge, un subgénero dentro del cine gore que no se anda con rodeos. La historia sigue a Jennifer Hills, una escritora neoyorquina que, después de ser agredida sexualmente y dejada por muerta en un bosque, regresa para cobrar una venganza sangrienta. Pero lo más brutal no es la trama: las agresiones ocupan 30 de los 101 minutos del filme.
Los censores de medio mundo le cerraron las puertas. En el Reino Unido estuvo vetada de 1984 a 2001 y solo se permitió una copia con cortes severos. En Canadá no se pudo ver legalmente hasta 1998. En Irlanda ni siquiera llegó al DVD en 2010. Y en Estados Unidos, el propio Zarchi tuvo que recortar 17 minutos para evitar la clasificación X.
El crítico más famoso de su tiempo, Roger Ebert, la destrozó en su reseña: la llamó un “saco de basura repugnante, enfermo, condenable y despreciable”. La actriz Camille Keaton confesó que esas palabras le dolieron, pero el director le respondió con una lógica de hierro: no había mejor publicidad que un escándalo así. Tenía razón. Lo prohibido siempre atrae.
Ninguna distribuidora quiso tocarla. Zarchi escribió el guion después de una experiencia real en 1974, cuando ayudó en las calles de Nueva York a una mujer desnuda y desorientada que acababa de ser violentada. Lo que lo marcó fue la frialdad y la revictimización que ella sufrió en la estación de policía. Esa rabia quedó plasmada en la película.
El misterio del póster: ¿era Demi Moore?
El cartel más famoso de la cinta muestra a una mujer de espaldas, con la ropa rota, moretones y un cuchillo de cacería en la mano. Durante los ochenta corrió el rumor en Hollywood de que esa silueta no era de Camille Keaton, sino de una joven Demi Moore, antes de que fuera famosa.
La imagen no se usó en el estreno de 1978, sino en el relanzamiento en VHS de 1980. Y el misterio se resolvió en 2019, cuando Moore confirmó en su libro de memorias Inside Out que efectivamente era ella. El productor Charles Band, que coordinó esa distribución, contó que la actriz le confesó el secreto en 1982: “No se lo digas a nadie, pero la de ese póster soy yo”.
La conexión es dolorosa. Moore fue víctima de violación a los 15 años, después de que su agresor le pagara 500 dólares a su madre. Con 16 años se fue a Los Ángeles, falseó su edad para modelar desnuda y fue en una de esas sesiones donde se tomó la foto que se volvió insignia de la película más incómoda del cine.
¿Y en México qué pasó?
No hay registro de que la cinta haya sido censurada en nuestro país. El remake llegó a plataformas de streaming hace unos años, y la versión original de 1978 está disponible en TUBI. Claro, con la advertencia de que no es para estómagos sensibles.
Esta historia nos recuerda que el cine también sirve para remover conciencias, aunque incomode. Y que detrás de cada imagen prohibida hay una historia de violencia real que alguien decidió no callar.