La presidenta Claudia Sheinbaum inauguró este fin de semana el nuevo Hospital General del ISSSTE en Tampico, Tamaulipas. No es un hospital cualquiera: se gastaron 2 mil 300 millones de pesos para que la región tenga 250 camas y equipos médicos de primera, de esos que antes solo se veían en clínicas privadas o en el extranjero.
En su discurso, la mandataria fue clara: la salud no es un negocio, es un derecho humano. Y aprovechó para recordar que durante 36 años los gobiernos del PRI y del PAN dejaron que el sistema de salud público se cayera a pedazos. Luego vino la pandemia, y el golpe fue todavía más duro. Pero ahora, dice, la Cuarta Transformación va a contracorriente: “Que cualquier mexicana y mexicano no debe atenderse en una institución pública de manera gratuita, no importa si tiene una enfermedad menor o si tiene una enfermedad sumamente grave”, expresó la jefa del Ejecutivo.
Y es que, para quienes viven al día, la diferencia entre un hospital público que funciona y uno que no, es la diferencia entre vivir o morir. Por eso, la inauguración de este hospital no es un simple acto protocolario. Es un mensaje directo a los que siempre han tenido que pagar hasta por una aspirina: aquí el pueblo manda y el dinero público se queda en lo público.
¿Qué trae el nuevo Hospital General del ISSSTE en Tampico?
El secretario de Salud, David Kershenobich, no se cansó de presumir las instalaciones. Y con razón: el hospital tiene área de telemedicina para que los diagnósticos sean más precisos, consulta externa con 35 especialidades, farmacia, mecanoterapia, medicina física y hasta un Súper ISSSTE para los trámites. En las próximas semanas abrirán también imagenología, hospitalización, urgencias, laboratorio, cirugía, hemodiálisis, quimioterapia, hemodinamia y banco de sangre.
El director del ISSSTE, Martí Batres, puso el dedo en la llaga: “Hay países en los que prácticamente no hay sistemas públicos de salud, y los habitantes de bajos recursos tienen que pagar todo para curarse una enfermedad”. O sea, la soberanía nacional también se juega en los pasillos de un hospital. Si no hay salud pública, no hay país que valga.
Un hospital que no le pide nada a nadie
El nuevo nosocomio no solo tiene camas y consultorios. Cuenta con sala de hemodinamia, resonancia magnética, diálisis peritoneal, hidroterapia, cabina de audiometría y 20 servicios médicos más. Kershenobich aseguró que estas instalaciones “no le piden a ninguna instalación prácticamente en ningún lugar del mundo”. Palabras mayores, pero que aquí se celebran porque son del pueblo y para el pueblo.
El gobernador de Tamaulipas, Américo Villareal, no ocultó su emoción: “Nunca nos había tocado vivir que desde la presidencia de la República estuvieran pendientes de las políticas públicas y del financiamiento al sector salud”. Un reconocimiento que duele, porque significa que antes, simplemente, se hacían los que no veían.
¿Por qué es importante este hospital para la región?
Este hospital no solo atenderá a los derechohabientes del ISSSTE en Tampico, sino también a toda la gente de las huastecas aledañas. Para muchos, esto significa dejar de viajar horas para una consulta o una cirugía. Y en un país donde la salud siempre ha sido un lujo para pocos, esto es una victoria de las que se sienten.
La Cuarta Transformación dice que la salud es un derecho, y hoy, en Tampico, eso dejó de ser un discurso para convertirse en paredes, camas y equipos de alta tecnología. Falta mucho, sí, pero este hospital es una prueba de que cuando el gobierno se pone del lado del pueblo, las cosas cambian.
Foto: Excélsior