Chalecos guinda: ¿policías sin placa? Vecinos del Centro denuncian abusos y arbitrariedades
Un domingo cualquiera, Carlos salió a pedalear con su hijito por el Centro Histórico. Al llegar a Bellas Artes, el niño se puso a jugar en la explanada mientras su papá se tomaba un refresquito, con la bici recargada en uno de esos pedestales de mármol donde posan los Pegasos. No pasaron ni cinco minutos cuando dos personas con chalecos guinda, bien plantadas y sin identificarse, le quitaron su bicicleta. Así, nomás, como si nada.
En charla con La Silla Rota, Carlos contó que un hombre y una mujer, con chalecos guinda y logos de la Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México (Secgob), le preguntaron si la bici era suya. Él dijo que sí, pero cuando quiso recuperarla, el tipo le soltó un “espérese, no puede dejarla ahí”. Carlos, con razón, preguntó quiénes eran y con qué autoridad le quitaban su bici. Nadie se identificó. Ni siquiera cuando llegaron cuatro policías del Centro Histórico, Sector 52, que se quedaron muditos, como estatuas.
Con el miedo reflejado en los ojitos de su hijo, Carlos decidió no armar pleito. Entonces, los de los chalecos guinda le pegaron una hojita con el folio 7607 a la bici y se la subieron a una camioneta. El presunto funcionario, con toda la calma, le dijo que “como se estaba portando bien” podía recogerla en una semana en una bodega de Pino Suárez. “La policía no se metió, no dijo nada. Solo los dejó actuar. ¿Entonces quién pone las reglas?”, reclamó Carlos, con el coraje a flor de piel.
Agresiones y abusos de los “chalecos guinda” se extienden por el Centro Histórico
El caso de Carlos no es único. Por todo el primer cuadro de la ciudad, la gente ya está harta de estos personajes con chalecos negros y guinda que se creen sheriffs. Hace poquito, una ciclista fue agredida y despojada de su vehículo en plenas calles del Centro. Ella había dejado su bici amarrada a un poste mientras hacía unas compritas, y de pronto un grupo de estos tipos la abordó, diciéndole que se la llevarían por “uso indebido” de la infraestructura urbana.
Tras un buen intercambio de palabras, los presuntos trabajadores de la Secretaría de Gobierno le dijeron que si ella misma quitaba su candado con sus llaves, se podía llevar su bici y listo. Pero en cuanto lo hizo, ¡zaz!, se le fueron encima. En un video que circula en redes se ve a hombres y mujeres con cizallas jaloneándola, hasta que la sometieron y la tiraron al piso para arrebatarle su bici. Nunca le pidieron su nombre, ni le dieron folio, acta o comprobante. Solo le advirtieron que su bici estaría “castigada” durante cuatro meses y que podía recogerla en la avenida 20 de Noviembre. ¿Cuatro meses? ¿Por una bici amarrada a un poste? ¡Por favor!
Y no solo les va a los ciclistas. En junio, durante el Mundial, María Fernanda Islas, conocida como “La Güera”, comerciante del Centro y vinculada a la diputada Diana Sánchez Barrios, fue captada en los filtros de acceso al Zócalo pidiendo credenciales del INE y revisando las pertenencias de la gente que quería entrar a la Plaza de la Constitución. El entonces secretario de Gobierno, César Cravioto, salió a decir que Islas había actuado por iniciativa propia y que ningún funcionario le había pedido hacer eso. Claro, como siempre, “yo no fui”.
“Es una arbitrariedad, no tienen facultades policiales”
Para Arturo Hernández, integrante de la Comisión de Participación Comunitaria (Copaco) de la colonia Centro, el actuar de estos presuntos funcionarios es una clara “arbitrariedad”. Explica que, si hay una infracción, su función debería ser conciliar, pedir que retiren algún objeto o invitar a la gente a moverse. Cualquier acción de seguridad le corresponde, ni más ni menos, a la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC). Punto.
El representante vecinal también pone el dedo en la llaga: el problema de fondo es la falta de identificación. Estas personas no portan nombre, número ni nada que permita saber quiénes son, a diferencia de los policías, que llevan apellido y número de placa. Así, los vecinos quedan en total indefensión, sin saber a quién reclamarle cuando ocurre un abuso. Hernández cuenta que en el Centro los Copacos ya han recibido varias denuncias de gente que llega con chalecos de distintas dependencias, incluidos los guinda, pero que no se identifican. Ante esto, sugiere presentar las denuncias ante la Fiscalía de Servidores Públicos contra quien resulte responsable, aunque reconoce que sin identificaciones, es como buscar una aguja en un pajar.
La Silla Rota buscó a la Secretaría de Gobierno y a la Autoridad del Centro Histórico para que aclararan qué funciones y atribuciones tienen estos personajes que operan en Bellas Artes, el Zócalo y calles aledañas. La Autoridad del Centro Histórico respondió que el personal captado en las agresiones está adscrito directamente a la Secretaría de Gobierno. Además, aclararon que esas acciones no correspondían a un operativo interinstitucional coordinado por ellos, y sugirieron canalizar la petición directamente con el secretario de Gobierno. Hasta el cierre de esta nota, ni César Cravioto ni la dependencia a su cargo habían emitido postura alguna. ¿Les sonará conocido?
Preguntas frecuentes sobre los abusos de los “chalecos guinda”
¿Quiénes son los “chalecos guinda” y qué autoridad tienen?
Son personas que portan chalecos color guinda con logos de la Secretaría de Gobierno de la Ciudad de México. Según la Autoridad del Centro Histórico, están adscritos directamente a la Secgob, pero no tienen facultades policiales. Su función, en todo caso, debería ser conciliar o invitar a retirarse, no detener ni decomisar bienes.
¿Qué pueden hacer los ciudadanos si son víctimas de un abuso de estos grupos?
Se puede presentar una denuncia ante la Fiscalía de Servidores Públicos contra quien resulte responsable. El problema es que estos personajes no portan identificaciones, lo que dificulta ubicarlos. También se recomienda documentar todo con fotos y videos, y exigir siempre un folio o comprobante por cualquier retiro de pertenencias.
¿Por qué la policía no interviene cuando ocurren estos abusos?
En el caso de Carlos, los elementos de la Policía del Centro Histórico estuvieron presentes pero no dijeron nada. Esto ha generado indignación y preguntas sobre quién manda realmente en el espacio público, y si hay una coordinación tácita o una omisión deliberada ante estos hechos.