Madres buscadoras resisten lluvia, balazos y olvido frente a la FGR: 'No nos vamos sin respuestas'
Desde hace dos semanas, decenas de madres y familiares de personas desaparecidas mantienen un plantón frente a la Fiscalía General de la República (FGR) en la alcaldía Cuauhtémoc, Ciudad de México. Viven en casas de campaña, cocinan en una parrilla eléctrica improvisada y se bañan gracias a la solidaridad de desconocidos. No piden limosna: piden justicia.
Claudia busca a su hija Reyna Karina San Román desde el 8 de diciembre de 2012, cuando la vio por última vez salir de su casa en Tlalnepantla, Estado de México. Desde entonces, ha rastreado basureros, canales de aguas negras y fosas clandestinas. Esa búsqueda le ha costado la salud: una infección que requirió hospitalización y una operación inminente en el ojo izquierdo por la pérdida de visión, consecuencia del desgaste de buscar entre la mugre y el dolor.
El campamento, instalado en la acera frente a la Fiscalía de Derechos Humanos, es un mosaico de lonas, fotografías y fichas de búsqueda. Una veintena de casas de campaña, una cocina improvisada con parrillas eléctricas y ollas, y un baño portátil que la alcaldía instaló al otro lado de la calle. Para asearse, dependen de la generosidad de personas que les prestan sus casas.
¿Por qué las madres buscadoras mantienen el plantón?
Las madres son claras: no se moverán hasta que la fiscal Ernestina Godoy salga a dialogar con ellas. Hasta ahora, aseguran, no ha habido respuesta. 'Yo me sentiría acompañada si el gobierno y la Fiscalía nos hiciera justicia. Yo me siento vulnerable con mis compañeras, no me siento acompañada', sostiene Claudia.
La tarde del martes, la tensión se apoderó del campamento cuando agentes de policía dispararon contra presuntos asaltantes en las calles de Villalongín y Río Amazonas, a una cuadra del plantón. Aunque el hecho fue ajeno a la protesta, los tiros sembraron el miedo. Ninguna autoridad se acercó a auxiliarlas, y las buscadoras sospechan que podría ser una estrategia para disuadirlas.
Las mesas de trabajo con el gobierno del Estado de México, denuncian, solo ofrecen respuestas repetitivas y ningún avance real en las investigaciones. Por eso decidieron llevar su lucha a la capital.
La fe como escudo y la indiferencia como herida
Irene Pavón busca a su hijo Juan Carpinteiro Pavón, desaparecido el 22 de febrero de este año en Jalisco. Sentada a la sombra de una lona, sostiene un Cristo elaborado por presos del Módulo Diamante de Santa Martha Acatitla. Se lo entregó una mujer que hace labor social en el Centro de Reinserción Social y que también les ha ofrecido su casa para bañarse.
Pero no todo es apoyo. Irene reconoce que un sector de la sociedad las revictimiza y las juzga. 'Dejas a tu familia por estar aquí', afirma con la voz quebrada. Desde que llegó al plantón, dice, el trato de las autoridades ha sido hostil: patrullas que las vigilan durante el día, miradas que incomodan, silencios que duelen.
Mientras tanto, la lluvia cae sobre las lonas y los balazos resuenan a lo lejos. Pero ellas siguen ahí, firmes, con la esperanza de que algún día alguien les diga dónde están sus hijos.
El plantón es un grito colectivo: no se van sin respuestas.