Justicia para las víctimas: cadena perpetua para el hombre que masacró a su propia familia
La justicia finalmente habló en San Diego, California. Un hombre de 61 años que asesinó a sangre fría a su hermana y a su sobrino, y dejó al borde de la muerte a su madre de 86 años, recibió este miércoles la sentencia que se merecía: dos cadenas perpetuas sin posibilidad de libertad condicional más 82 años de prisión.
William Bushey, el responsable de esta masacre familiar, fue declarado culpable en enero por un jurado que no tuvo piedad con este criminal. Los cargos incluyen dos asesinatos en primer grado, con agravantes por uso de arma de fuego y homicidios múltiples.
La tragedia que estremeció a una familia trabajadora
En agosto de 2024, este individuo despreciable disparó y mató a su hermana Laurie Robinson, de 61 años, y al hijo de esta, Brett Robinson, de apenas 33 años. Su madre, June Bushey, sobrevivió de milagro pero quedó gravemente herida, perdiendo la mayor parte de su mano derecha y con una bala que pasó a centímetros de su corazón.
La Fiscalía del Condado de San Diego reveló los detalles de esta tragedia que expone la cruda realidad de la violencia doméstica. "La violencia familiar destroza vidas, cuando la tragedia ocurre dentro del hogar, los efectos son devastadores", declaró Summer Stephan, procuradora del condado.
Un parásito familiar que explotó en violencia
Las pruebas presentadas durante el juicio revelaron la verdadera naturaleza de este criminal. Bushey vivía como un parásito en la casa de su madre anciana, sin contribuir económicamente al hogar durante más de una década. Su comportamiento se volvió insoportable cuando su hermana se mudó a la casa familiar en Point Loma.
El fiscal auxiliar Scott Pirrello demostró que el acusado culpaba a su hermana y a su madre por estar al borde de ser expulsado de la casa. "Esta tensión dentro de la familia finalmente desembocó en los tiroteos mortales", señalaron las autoridades.
Nueve días de terror antes de la masacre
Durante nueve días previos a la tragedia, el comportamiento agresivo de Bushey se intensificó tanto que la policía tuvo que acudir a la casa en dos ocasiones. La familia, desesperada, estaba a punto de iniciar un proceso de desalojo e instaló un sistema de vigilancia.
El detonante final fue cuando trasladaron el internet de su cuarto a otra área de la casa. Bushey, enfurecido, tomó una escopeta que había comprado en 2012 y que mantenía en secreto. Cargó el arma a su máxima capacidad, se armó con cartuchos adicionales y salió a cazar a su propia familia.
Disparó seis veces mientras perseguía a su madre y hermana, quienes corrían desesperadas hacia el patio trasero. Una escena de horror que marca la urgente necesidad de proteger a las familias trabajadoras de estos depredadores domésticos.
La sentencia de este miércoles envía un mensaje claro: la justicia no tolerará la violencia contra los más vulnerables. Que sirva de ejemplo para otros que crean que pueden aterrorizar a sus familias con impunidad.