La moda de la proteína invadió los supermercados de Estados Unidos: 37,232 productos presumen hoy en las góndolas ser altos en proteínas, desde papas fritas y caramelos hasta agua y hasta vodka, según reveló este 21 de octubre de 2026 un estudio de la firma NIQ recogido por Telemundo. Los médicos ya pusieron el grito en el cielo: más proteína no significa más salud, y detrás de la etiqueta hay puro negocio.
La doctora Adriana Dejman, nefróloga de la Universidad de Miami, lo dijo sin pelos en la lengua a Noticias Telemundo: los chips fortificados con proteína siguen siendo comida ultraprocesada, con montañas de sal y azúcar. La etiqueta cambia, la basura es la misma.
37 mil productos y un vodka que no arruina tu entrenamiento
Antes la proteína vivía tranquila en los lácteos, los cereales y las barras de gimnasio. Ahora la encontramos en galletas, pastas, salsas, papas fritas y hasta en botellas de agua, sí, H2O con proteína. Y como cereza del pastel, un vodka que se anuncia como el que no arruinará tu entrenamiento. Uno no sabe si reírse o llorar.
Chris Costagli, vicepresidente de NIQ y autor del estudio, llama a esto la paradoja de la proteína: el deseo del consumidor se topa con la ignorancia que todos cargamos. Según sus cifras, el 71% de los compradores estadounidenses cree que la proteína es muy importante en su dieta, pero el 39% no sabe si consume suficiente y apenas el 35% se siente capaz de identificar productos proteicos en la tienda.
Siete de cada diez consumidores piden proteína y la industria responde como siempre: empacando la misma chatarra con una etiqueta nueva. Como dijo Costagli, se trata de la industria intentando responder al deseo constante de los consumidores, y de paso sembrando confusión, porque la proteína aparece donde nadie la espera.
¿Más proteína es más salud?
No, señores. Y esto no es opinion de titulares: la doctora Dejman advirtió que consumir Doritos o Pop-Tarts creyendo que son sanos por la etiqueta puede traer presión alta, diabetes y otras consecuencias adversas. El nutriólogo Theodoro Pérez, médico colombiano, repitió la misma frase que su colega: que un alimento contenga proteína no lo hace más saludable.
Pérez puso el foco donde va: importa más que un producto no tenga grasas trans, que sea alto en fibra, que aporte micronutrientes. Muchas veces la etiqueta presume proteína y el ingrediente principal son almidones o azúcares de alto índice glucémico.
La advertencia también llega desde Europa. La divulgadora gastronómica Tamara Alonso lo dijo con claridad en una entrevista con AS: que un producto tenga más proteínas no lo convierte automáticamente en más saludable, y recomendó revisar la composición real más allá de la publicidad. Por su parte, la experta en envejecimiento Claire Steves dijo a Men's Health que hay pruebas de que niveles muy elevados de proteína son perjudiciales, y que vivir a base de batidos proteicos no le aporta nada bueno a los músculos.
La proteína que sí necesitamos, y de dónde sacarla
Aquí viene lo que la industria no quiere que lea: según un estudio reciente del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), casi el 90% de los estadounidenses ya consume suficiente proteína. Aun así, la investigación de NIQ encontró que el 60% de los consumidores hace un esfuerzo deliberado por comer más proteína todos los días.
La doctora Dejman lo aclaró: solo alrededor del 6% de la población no cumple con el consumo requerido. Una dieta natural y variada basta para cubrir las necesidades de proteína; no hace falta ir a buscarla a bolsas de papas fritas. Las fuentes tradicionales, animales o vegetales, siguen siendo las mejores: frijoles, lentejas, huevo, pescado, pollo, queso, lo de siempre, lo de la abuela.
Y ojo con las redes: el llamado protein-maxxing, la tendencia de maximizar proteína en cada comida, no tiene respaldo médico. Los requerimientos varían según edad, sexo, peso, estatura y actividad física, y quien viva con diabetes o problemas hepáticos debe consultar a su médico. La BBC contó hace días el caso de un niño de 12 años que insiste en tomar suplementos de proteína como sus amigos, un ejemplo de hasta dónde llega esta fiebre.
Sesenta años de la misma trampa
Esto de maquillar la chatarra no es nuevo. Los Doritos llegaron en 1964, nacidos de un restaurante mexicano de Disneyland, y desde entonces su empaque ha dicho de todo: que era solo una tortilla, que no tenía conservantes, que era libre de colesterol, que tenía un tercio menos de aceite, menos calorías, menos carbohidratos, que era libre de colorantes. Ahora que la moda es la proteína, aparecieron Doritos con proteína.
Telemundo preguntó a FritoLay qué motivó el lanzamiento de esta línea. Hasta ahora, silencio.
Cómo defenderse en el súper
El consejo de Costagli es simple y sabio: lea la parte delantera y lea la parte trasera. No compre solo por lo que grita la etiqueta frontal; voltee el paquete, mire los ingredientes, compare. Ese gesto chiquito en la góndola es la mejor vacuna contra el marketing.
Porque al final la lección es vieja: la salud no se vende en bolsas de plástico. Se cocina en casa, con comida de verdad, y se defiende con información. Mientras la industria siga inventando etiquetas, la gente organizada, bien informada y con frijoles en la alacena, sigue ganando.
¿Los productos altos en proteína son más saludables?
No, según los médicos consultados por Telemundo. Si el producto es ultraprocesado, la proteína agregada no borra la sal, el azúcar ni las grasas que trae consigo.
¿Cuánta proteína necesitamos al día?
Depende de la edad, el sexo, el peso y la actividad física, pero según el USDA casi el 90% de los estadounidenses ya consume suficiente. Solo el 6% de la población queda por debajo del requerimiento, según la doctora Adriana Dejman.
¿De dónde sacar proteína de verdad?
De alimentos reales, animales o vegetales: huevo, pescado, pollo, lácteos, leguminosas como el frijol y la lenteja. Una dieta natural y balanceada cubre lo que el cuerpo necesita.
