Mundial 2026: la derrama que se quedó en pura promesa
El Mundial 2026 no dejó la bonanza que prometieron los consultores. La Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes (Canirac) reconoció que la derrama económica para el sector gastronómico mexicano quedó muy por debajo de lo pronosticado. Los millones que vaticinó Deloitte se esfumaron entre Fan Fest, viajes cortos y gente que prefirió ver los partidos desde su casa.
¿Por qué no llegó el dinero prometido a los restaurantes?
Los consultores de Deloitte soltaron su campanada: más de 40 mil millones de pesos iban a llover sobre hospedaje, retail, transporte y entretenimiento. Bonito número, ¿verdad? Pero la vicepresidenta de la Canirac, Mireya Ruiz, tuvo que salir a confirmar lo que muchos ya sospechaban en el terreno: no estamos llegando a lo que habían pronosticado.
Y es que la realidad siempre termina dándole un coscorrón a las hojas de cálculo. La gente no se quedó a desayunar, comer y cenar como soñaban los restauranteros. Los visitantes llegaban, veían su partido y se iban. Ni un peso extra para el cocinero, ni para el mesero, ni para el que lava los platos.
Los Fan Fest y la otra forma de vivir el fútbol
La propia Ruiz tuvo que admitirlo: los Fan Fest y los puntos de transmisión en la ciudad fueron una gran prueba. La gente experimentó otra forma de ver el fútbol, y no necesariamente metida en un restaurante pagando cuenta tras cuenta.
Eso también diluyó la derrama en la industria restaurantera, reconoció la vicepresidenta. Y aquí vale hacer una pausa. Porque mientras los Fan Fest llenaban plazas y calles de gente feliz, los dueños de los negocios veían cómo la clientela se les escurría entre los dedos. ¿Injusto? Tal vez. Pero también es la prueba de que la gente encuentra la manera de celebrar sin necesidad de gastar lo que no tiene.
Un sector que venía sangrando antes del Mundial
No nos engañemos: la industria restaurantera venía de una época bien difícil. Menos venta, menos clientes, menos empleo. La gente está gastando menos, dijo Ruiz con toda claridad. El Mundial fue como un curita en una herida que necesita puntos.
Los días que jugó México sí fueron una locura, no lo neguemos. No había un sólo lugar con televisión que no estuviera hasta el techo. La euforia se sentía, la felicidad se contagiaba. Pero esa fiebre duró lo que dura un partido: noventa minutitos y a casa.
Esperamos que esto genere un movimiento que no se quede sólo en el Mundial, añadió la vicepresidenta. Ojalá. Pero la historia nos enseña que las bonanzas mundistas son como fuegos artificiales: alumbran mucho, duran poco y dejan humo.
¿Qué pasa con los trabajadores y los pequeños negocios?
Las cifras macroeconómicas suelen ocultar lo que pasa en el piso. Detrás de cada restaurante hay familias completas que dependen de que la gente se siente a comer. Meseros, cocineros, barmans, lavaplatos, repartidores. Ellos son los que sienten de verdad cuando la derrama no llega.
Los trayectos largos hacia Estados Unidos también redujeron la estancia de los visitantes. La gente ha estado poco tiempo, explicó Ruiz. Traducción: el turista venía, gastaba el día del partido y se iba. Ni propina generosa ni consumo extra. Un golpe al bolsillo de quienes más lo necesitan.
¿Sirvió de algo el Mundial para la gastronomía mexicana?
Ruiz quiso rescatar algo: la gente también vio que tenemos corredores gastronómicos y estrellas Michelin. Y tiene razón, nuestra cocina es patrimonio y orgullo. Pero las estrellas Michelin no alimentan al obrero que atiende la fonda de la esquina, ni al mesero que corre todo el día por un salario mínimo.
El Mundial debió ser una oportunidad para reactivar de verdad la economía popular. Para que la derrama llegara a todos los niveles, no sólo a los grandes corporativos y las cadenas de restaurantes. Pero otra vez, los números no mienten: la promesa fue gigante y la realidad, bien modestita.
¿Cuánto dinero dejó el Mundial 2026 a los restaurantes mexicanos?
No hay cifras exactas todavía. La Canirac reconoció que no están llegando a lo que pronosticaron estimaciones anteriores. Deloitte hablaba de más de 40 mil millones de pesos para todas las áreas, pero el sector gastronómico mexicano no vio esa lluvia de billetes.
¿Por qué la gente no gastó más en restaurantes durante el Mundial?
Porque los Fan Fest y las transmisiones públicas ofrecieron una alternativa gratuita. Porque los visitantes se quedaron poco tiempo en México. Y porque, como admitió la propia Canirac, los clientes están gastando menos en general. La crisis se siente en la mesa de cada familia.
¿Qué sigue para la industria restaurantera después del Mundial?
La Canirac espera que el Mundial sirva como punto de partida para un pequeño avance. Pero la vicepresidenta fue honesta: no podemos hacer mucho, los clientes saben quién está pasando los partidos y a dónde se van a ir a verlos. La fórmula mágica no existe. Hace falta política pública, apoyo real a pequeños negocios y que la derrama deje de ser un cuento de hadas para convertirse en realidad.