Que estudiar no nos cueste la vida: el grito de Morelos que tapizó Palacio de Gobierno
Cuernavaca, Mor. Desde este sábado, la joven española Claudia Tacoronte ya no es solo un nombre en una carpeta. Su rostro quedó clavado en la memoria colectiva de Morelos, en el memorial de víctimas que desde hace años se instala frente a la puerta principal de Palacio de Gobierno. Ahí, entre cientos de caras y nombres de desaparecidos, la comunidad le dijo: aquí te recordamos, aquí exigimos justicia.
El memorial no es nuevo. Ahí están, por ejemplo, las fotos de Juan Francisco Sicilia, hijo del poeta Javier Sicilia, y sus seis amigos, torturados y masacrados en 2011 por una célula de los Beltrán Leyva. Ahí está la historia de un dolor que no termina, y que ahora suma el de Claudia, víctima de feminicidio hace apenas ocho días en la Casa de Cultura de Cuautla.
Fue por ella que colectivos de mujeres buscadoras y estudiantes de la Resistencia Estudiantil se reunieron en la Ofrenda de las Víctimas. Flores, veladoras y cartulinas con mensajes que parten el alma: “Que estudiar no nos cueste la vida. Justicia para Claudia”, y también “Justicia para todas”.
¿Cuántas personas desaparecidas hay en Morelos?
Los números son un puñal. Al 16 de mayo de 2026, los registros nacionales contabilizaban 2 mil 27 personas desaparecidas y no localizadas en Morelos. Y lo más doloroso: más de la mitad eran jóvenes de entre 15 y 34 años. O sea, la edad de quienes llenan las aulas, de quienes sueñan con un futuro, de quienes hoy salen a la calle con miedo.
“Estamos cansados de tener miedo y acostumbrados a la violencia”, soltó una estudiante de la Facultad de Nutrición de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Y vaya que esa frase resume lo que se siente caminar por las calles de este estado.
¿Qué exigen los estudiantes de la Resistencia Estudiantil?
Los jóvenes de la Resistencia Estudiantil, los mismos que impulsaron el paro de dos meses en la UAEM tras el doble feminicidio de sus compañeras Kimberly y Karol en marzo pasado, no se andan con rodeos. Le exigieron a la rectora Viridiana León Hernández que deje de hacerse la loca y asuma una postura pública en defensa de sus estudiantes.
“La universidad tiene una responsabilidad con la comunidad”, advirtieron, y le reclamaron que no se subordine a los intereses del gobierno estatal. También le pidieron que respalde el derecho a protestar y que se pronuncie ante cualquier acto de represión contra quienes se movilizan.
Y aquí viene lo importante, lo que muchos no quieren escuchar: “No estamos pidiendo privilegios, sino exigiendo derechos”.
Porque la violencia no se acaba cuando agarran a un responsable. Como bien dijeron: “Una carpeta de investigación no le devuelve la tranquilidad a una familia y una conferencia de prensa después de una tragedia no significa que exista seguridad”.
“Ver las avenidas tapizadas con los rostros y nombres de cientos de personas desaparecidas y escuchar el sonido de las sirenas y ambulancias es la realidad que vivimos en Morelos. Pretender que no pasa nada no hace que estemos seguros”, sentenciaron.
Justicia con perspectiva de género: la jueza que puso el dedo en la llaga
Ayer, la jueza especializada de Control de Garantías, Alma Patricia Salas Ruíz, vinculó a proceso a Francisco Javier “N” por el feminicidio de Claudia. Pero no se quedó en el trámite. Con una perspectiva de género que debería ser la norma, lanzó una pregunta incómoda: ¿qué habría pasado si en la Casa de Cultura a esa hora hubiera estado un hombre sentado en el sitio de la agresión? ¿El sujeto activo habría actuado de la misma forma?
La respuesta, dijo, es un no rotundo. “Lo que distingue el delito de feminicidio es esa cuestión de vulnerabilidad que tiene una persona que sea mujer”, explicó. Y fue más allá: “Una mujer es considerada el sexo débil; difícilmente se entiende porque no tiene la forma de impedir ser agredida por esa condición de vulnerabilidad”.
En el caso de Claudia, la jueza subrayó que era una joven de 21 años, en un país que no es el suyo, que desconocía la situación de un municipio que hoy vive bajo el asedio de la violencia. Eso, dijo, “la puso en una situación de desventaja que no habría sucedido si ella hubiese sido una persona de género masculino”.
Palabras mayores. Palabras que reconocen lo que las buscadoras y las estudiantes gritan desde hace años: el sistema las mata, y luego las juzga.
¿Qué sigue para la lucha por justicia en Morelos?
Las movilizaciones no son un capricho. No buscan justicia por casos individuales, sino visibilizar una problemática que ya se volvió cotidiana en el estado. Y mientras las autoridades sigan respondiendo con investigaciones a posteriori, sin atacar las causas, el memorial seguirá creciendo. Y las veladoras seguirán encendiéndose. Y las madres seguirán buscando.
Porque aquí, en Morelos, la realidad es esa: las avenidas tapizadas de rostros, las sirenas de fondo, y un pueblo que se niega a acostumbrarse.
Justicia para Claudia. Justicia para todas.