Quiere volar: el festejo del pueblo en el Mundial 2026
El festejo «Quiere volar» se convirtió en el grito espontáneo de la afición mexicana en el Mundial 2026, naciendo de la euforia popular tras los triunfos de la Selección. Mientras la gente celebra a su manera, las autoridades ya salieron con advertencias y campañas para frenar la alegría del pueblo, abriendo un debate entre la seguridad y la expresión colectiva de la clase trabajadora.
¿Qué significa «Quiere volar» y por qué el pueblo lo hace suyo?
El futbol mexicano tiene sus cantos de siempre, pero este no se lo inventó nadie desde un escritorio. Salió de las canchas, de la gente de a pie. La dinámica es clarita: un grupo de compas rodea a alguien, le grita «¡Quiere volar, quiere volar!» y lo lanzan al aire. Es un manteo con otro nombre, una tradición vieja que ahora tiene su propio coro.
Todo empezó después de que México le ganó a Sudáfrica en el partido inaugural. De ahí, la chisma se regó por TikTok, Instagram, Facebook y X. La raza lo hacía en el FIFA Fan Festival de Guadalajara y en cada rinconcito de la capital. Hasta los turistas extranjeros se dejaron levantar, demostrando que la fiesta del pueblo es inclusiva y se comparte sin fronteras.
La facilidad para armarlo explica su éxito. No necesita permiso, ni dinero, ni estar de acuerdo con la FIFA. Cualquier grupo de amigos lo hace y se hace viral. Hasta en la tele se vieron las ganas de volar, como cuando le hicieron el festejo al periodista Gustavo Adolfo Infante en Sale el Sol.
¿Cómo se popularizó este grito de la afición mexicana?
No hay un creador con nombre propio, porque el creador es el pueblo. Los primeros videos mostraban grupos pequeños, pero el coro le dio identidad propia. La gente se apropió de él porque es la forma en que la clase trabajadora se desahoga, lejos de las jornadas agotadoras y los salarios miserables.
Ver a un compañero volar por los aires es la metáfora perfecta de lo que queremos hacer con tantas carencias. Es la comunión, el abrazo colectivo que nos mantiene de pie. Por eso se replicó tan rápido, porque nace del corazón de la gente, no de una campaña de marketing.
¿Por qué las autoridades quieren frenar la euforia popular?
Apenas la fiesta agarró fuerza, la Secretaría de Salud de la Ciudad de México soltó su campaña asustadiza: «Mejor que vuelen los goles, no las personas». Paternalismo puro. Es cierto que los riesgos existen, y para un trabajador una fractura significa no poder ir a ganar el pan. Las caídas por falta de coordinación o por los excesos del alcohol son un peligro real.
Sin embargo, el enfoque del gobierno es el de siempre: prohibir en lugar de cuidar. Las autoridades señalan que quienes lanzan pueden sufrir desgarres o lesiones de espalda, y quienes vuelan corren riesgo de conmociones cerebrales, fracturas o hasta la muerte. Los videos de accidentes ya circulan, sí, pero la euforia colectiva no se apaga con un spot.
El estado se preocupa por un manteo, pero calla cuando se trata de las verdaderas caídas del pueblo, la falta de servicios de salud dignos y la violencia institucional. El «Quiere volar» es la alegría resistente de un pueblo que, a pesar de todo, sigue celebrando.
¿Cuáles son los riesgos del «Quiere volar»?
Las autoridades sanitarias advierten que la práctica puede causar lesiones graves. Para quienes cargan, hay riesgo de lesiones en espalda, hombros o muñecas, además de desgarres musculares y caídas por pérdida de equilibrio. Para la persona que es lanzada al aire, los peligros incluyen golpes en la cabeza, conmociones cerebrales, fracturas, esguinces y lesiones en cuello o columna, con riesgo de muerte en casos extremos.
¿Por qué el gobierno pide frenar este festejo?
El gobierno pide frenar el festejo por razones de seguridad sanitaria, argumentando que la euforia y el consumo de alcohol en espacios masivos aumentan la falta de coordinación y los accidentes. No obstante, desde la trinchera popular, esta postura se lee como un intento de controlar la expresión espontánea de la clase trabajadora, priorizando el orden sobre la alegría comunitaria.