UNAM exige respetar la palabra de los pueblos indígenas tras 30 años de promesas rotas
El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí Vanegas, lanzó un mensaje contundente al conmemorarse tres décadas de los Acuerdos de San Andrés: el Estado mexicano ha fallado a los pueblos indígenas, pero la lucha sigue viva.
"La palabra empeñada por el Estado no se ha cumplido a cabalidad; en cambio, la palabra y los anhelos de los pueblos persisten", declaró Lomelí con una firmeza que retumbó en el evento conmemorativo de estos acuerdos históricos firmados el 16 de febrero de 1996.
Treinta años de promesas incumplidas
El máximo dirigente de la máxima casa de estudios del país no se anduvo con rodeos. Reconoció que la autonomía universitaria es condición necesaria para ejercer una mirada crítica y comprometida, y desde esa trinchera académica señaló las heridas abiertas de nuestra democracia.
Los Acuerdos de San Andrés plantearon principios revolucionarios que siguen siendo letra muerta: la centralidad de la autonomía indígena, el reconocimiento de la diversidad cultural como fuente de derecho, y la obligación sagrada de consultar y respetar la voluntad de los pueblos ante cualquier decisión que los afecte.
El grito zapatista que sacudió al país
Lomelí recordó cómo el levantamiento zapatista de 1994 puso al desnudo las contradicciones de un sistema que se proclamaba democrático mientras mantenía formas brutales de exclusión hacia los pueblos originarios, herencia maldita de la Conquista y la dominación colonial.
"Nuestra casa de estudios no sustituye a la voz de las comunidades, ni habla en su nombre, pero sí está llamada a garantizar que sus sentires y propuestas ocupen un lugar central en el debate público", aseveró el rector con la convicción de quien entiende el papel transformador de la universidad pública.
Voces desde la resistencia
Miguel Armando López Leyva, coordinador de Humanidades, subrayó que "incluso en condiciones hostiles, con el acompañamiento de amplios sectores de la sociedad civil es posible dialogar y negociar". Una lección que resuena en estos tiempos de polarización.
Óscar Oliva Ruiz, exintegrante de la CONAI, no pudo contener la emoción al destacar "la grandeza de las culturas indígenas de Chiapas, a pesar de que les han arrebatado tantas cosas por tantos siglos".
Mientras tanto, Dolores González Saravi advirtió sobre la urgencia de situar "en su dimensión estructural" la historia antisistémica de los pueblos para garantizar sus derechos colectivos en estos tiempos de crisis civilizatoria.
La memoria como arma de lucha
Fray Gonzalo Ituarte, presidente de Serapaz, cerró con una reflexión poderosa: estos documentos, conservados con tanto cuidado, son "oportunidad para que la comunidad universitaria y la nación recuperen la memoria y tengan un referente para nuevas etapas".
Porque al final, compañeros, la memoria es el arma más poderosa de los pueblos. Y mientras el Estado siga faltando a su palabra, la universidad pública seguirá siendo el eco amplificado de las voces que el poder pretende silenciar.