Los aranceles del gobierno golpean de lleno a la industria automotriz y sus trabajadores
Una vez más, las políticas comerciales del gobierno federal están poniendo en jaque a miles de familias mexicanas que dependen de la industria automotriz. Jesús Gallo, director general de Renault México, lanzó una advertencia que debería preocupar a todos los trabajadores del sector: los nuevos aranceles a vehículos importados ya están presionando duramente a toda la industria.
"Los cambios en el entorno comercial que enfrenta el mercado automotor, como los aranceles, evidentemente van a repercutir en toda la industria", declaró el directivo con una preocupación que refleja la realidad de miles de empleos en riesgo.
Una industria bajo asedio
La situación es particularmente crítica para empresas como Renault, que depende al 100% de vehículos importados para abastecer el mercado mexicano. Mientras las grandes corporaciones buscan maximizar sus ganancias, son los trabajadores quienes pagan el precio más alto de estas políticas comerciales mal planificadas.
"Somos probablemente uno de los países más complejos de Renault por el hecho de que el cien por ciento de la producción viene fabricada fuera", explicó Gallo, revelando una dependencia que expone la fragilidad del modelo económico neoliberal.
Los vehículos que llegan a México provienen de diversos países:
- Colombia
- Brasil
- Argentina
- Europa
- Corea
El impacto en la clase trabajadora
Estos aranceles, derivados de los cambios en la Tarifa de la Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación, no solo afectan a las empresas. El verdadero drama se vive en los hogares de los trabajadores que ven cómo se incrementan los costos, se reducen las oportunidades laborales y se tambalea la estabilidad de sus empleos.
La realidad es cruda: cualquier cambio arancelario impacta directamente en costos, tiempos de distribución y planeación operativa, lo que inevitablemente se traduce en ajustes que siempre terminan afectando a los de abajo.
Entre la esperanza y la incertidumbre
Pese al panorama adverso, Renault mantiene expectativas de crecimiento del 10 al 15 por ciento, aunque la empresa ha dejado claro que no contempla iniciar procesos de manufactura en México. Una decisión que deja a los trabajadores mexicanos sin la posibilidad de empleos locales mejor remunerados.
La única tabla de salvación para la empresa son los cupos de importación que mantiene gracias a su asociación con Nissan, lo que les permite "seguir trayendo autos en 2026 y en los siguientes años", según explicó el directivo.
La competencia desleal continúa
Mientras tanto, el mercado se satura con la llegada de nuevas marcas, principalmente de origen chino, que compiten en segmentos como el de los SUVs. Una situación que demuestra cómo las políticas comerciales favorecen a unos pocos mientras la industria nacional y sus trabajadores quedan a merced de las decisiones corporativas.
Como bien señaló Gallo: "el producto hoy ya no es suficiente, solo es necesario". Una frase que resume perfectamente cómo el sistema capitalista convierte las necesidades básicas de movilidad en un negocio donde los trabajadores siempre pierden.