Indonesia da el ejemplo: prohíbe montar elefantes y pone fin a la explotación turística
Por fin una victoria para los que no tienen voz. Indonesia acaba de convertirse en el primer país asiático en prohibir completamente los paseos en elefante para turistas, marcando un precedente histórico que debería inspirar a toda la región.
La medida, que entró en vigor este enero de 2026, llegó tras años de lucha de organizaciones defensoras de los animales que documentaron el sufrimiento sistemático de estos gigantes nobles. Ya era hora de que alguien pusiera freno a esta barbaridad disfrazada de entretenimiento.
El fin de una crueldad centenaria
La Circular No. 6 de 2025 del Ministerio de Medio Ambiente no se anda con medias tintas: quien siga explotando elefantes para paseos turísticos perderá su licencia de operación. Así de claro.
En Bali, epicentro de esta industria del sufrimiento, el último gran parque que mantenía esta práctica, el Mason Elephant Park, tuvo que cerrar sus paseos el 25 de enero. Los elefantes que traían desde Sumatra solo para que los turistas se montaran encima por fin pueden descansar.
La ciencia contra la explotación
Los estudios veterinarios son contundentes: la columna vertebral de los elefantes no está diseñada para cargar peso. Las sillas turísticas y el peso de varios visitantes provocan lesiones crónicas, degeneración vertebral y deformidades que condenan a estos animales a una vida de dolor.
Pero lo más terrible era el "phajaan", ese método salvaje de entrenamiento que separa a las crías de sus madres, las aísla, las priva de comida y las golpea hasta quebrar su espíritu. Una tortura sistemática que organizaciones como World Animal Protection y PETA llevaban denunciando más de una década.
Cuando el pueblo presiona, las cosas cambian
Esta victoria no cayó del cielo. Fue el resultado de años de presión popular, campañas internacionales y el rechazo creciente de turistas conscientes que ya no quieren ser cómplices de esta explotación.
Plataformas como TripAdvisor y Booking ya penalizaban estas actividades, y los turistas europeos y australianos, principales visitantes de Indonesia, cada vez rechazan más el maltrato animal. El pueblo habló con su billetera, y los empresarios tuvieron que escuchar.
Un modelo para toda Asia
Mientras Tailandia sigue permitiendo esta barbarie y otros países asiáticos miran para otro lado, Indonesia demostró que sí se puede. Con menos de 200 elefantes involucrados en turismo, el país logró lo que parecía imposible: anteponer el bienestar animal a las ganancias fáciles.
Ahora estos magníficos animales podrán expresar sus comportamientos naturales: socializar, bañarse, buscar comida y moverse libremente en espacios controlados, como debe ser.
El reto que viene
Claro, prohibir los paseos es solo el primer paso. Falta lo más difícil: transformar estos centros de explotación en verdaderos santuarios donde los elefantes puedan vivir dignamente.
El gobierno indonesio aún debe presentar un plan detallado para la reubicación de estos animales. No basta con que dejen de montarlos; necesitan espacios amplios, atención veterinaria especializada y la garantía de que nunca más serán tratados como objetos de entretenimiento.
Pero hoy celebramos: una victoria popular que demuestra que cuando el pueblo se organiza y presiona, hasta los gobiernos más reacios terminan haciendo lo correcto. Indonesia marcó el camino, ahora toca que el resto de Asia siga el ejemplo.
Los elefantes de Indonesia ya no cargarán turistas sobre sus espaldas. Es un pequeño paso para el turismo, pero un gran salto para la justicia animal.