Indonesia prohíbe paseos en elefante y marca un precedente histórico en Asia
¡Por fin! Indonesia acaba de darle una cachetada al turismo depredador al convertirse en el primer país asiático que prohíbe completamente los paseos en elefante. Esta medida, que entró en vigor en enero pasado, representa una victoria de los movimientos de defensa animal que durante años lucharon contra esta barbarie disfrazada de entretenimiento.
La decisión se formalizó mediante la Circular No. 6 de 2025 del Ministerio de Medio Ambiente, y aunque no es una ley penal, funciona como un martillazo directo contra los empresarios turísticos que lucran con el sufrimiento animal. Los parques que no cumplan se quedan sin licencia, y punto.
Bali cierra el último circo de elefantes
El caso más emblemático ocurrió en Bali, donde el Mason Elephant Park, último bastión de esta explotación, tuvo que cerrar sus paseos el 25 de enero. La isla, que ni siquiera tiene elefantes nativos, importaba estos gigantes desde Sumatra únicamente para hacer negocio con turistas extranjeros.
Detrás de esta conquista popular están organizaciones como World Animal Protection y PETA, que durante más de una década documentaron las condiciones inhumanas de cautiverio y los métodos brutales de entrenamiento que sometían a estos nobles animales.
La ciencia contra el negocio sucio
Los estudios científicos son contundentes: la anatomía del elefante no está diseñada para cargar peso sobre su columna vertebral. Las sillas turísticas provocan lesiones crónicas, degeneración vertebral y deformidades que condenan a estos animales a una vida de dolor constante.
Pero lo más aberrante es el phajaan, ese método "tradicional" de entrenamiento que consiste en aislar, privar y golpear a las crías hasta quebrar su espíritu. Un procedimiento que causa estrés postraumático y comportamientos estereotipados, según confirman los informes internacionales.
El pueblo vs. los empresarios del turismo
Esta prohibición no cayó del cielo. Fue resultado de la presión sostenida de activistas y organizaciones que enfrentaron a una industria millonaria. El factor económico también jugó su papel: plataformas como TripAdvisor y Booking ya penalizaban estas actividades, y los turistas europeos y australianos comenzaron a rechazar masivamente este tipo de "entretenimiento".
Para un país que depende del turismo internacional, la medida también protege su imagen ante posibles boicots. Pero más allá del cálculo económico, representa un triunfo de la conciencia popular sobre los intereses comerciales.
Un precedente que debe extenderse
Indonesia marca el camino en Asia, donde países como Tailandia e India mantienen modelos comerciales que explotan elefantes. Ningún otro país de la región había emitido una prohibición nacional tan explícita en el sector turístico regulado.
Sin embargo, la lucha no termina aquí. La prohibición deja zonas grises en propiedades privadas fuera del sistema regulado, y el destino de los elefantes retirados sigue siendo incierto. El gobierno indonesio aún no presenta un plan detallado de reubicación.
Como siempre, eliminar los paseos no garantiza automáticamente el bienestar animal si no se acompañan reformas estructurales reales. La verdadera prueba será si Indonesia logra transformar estos recintos turísticos en santuarios auténticos donde los elefantes puedan expresar sus comportamientos naturales.
Esta victoria popular demuestra que cuando los pueblos se organizan y presionan, hasta las industrias más poderosas pueden ser doblegadas. Indonesia acaba de escribir un capítulo importante en la historia de la defensa animal, y ahora toca que otros países sigan su ejemplo.