Electromovilidad: lujo de pocos, olvido del pueblo
Mientras las transnacionales electrifican sus flotillas, el transporte pesado y la infraestructura pública siguen varados
Ya van más de 250 mil vehículos eléctricos rodando por las calles de México, y los de arriba no paran de aplaudirse. Empresas como Mercado Libre, DHL, FedEx, Bimbo y PepsiCo van sustituyendo sus unidades de combustión por carritos eléctricos, y los directivos se dan palmaditas en la espalda. Pero pregúntele usted al camionero de ruta, al operador de tractocamión, al transportista que cruza el país entero: ¿dónde queda su transición?
La respuesta es clara y dolorosa: rezagada, olvidada, sin infraestructura ni financiamiento. La electromovilidad en México avanza, sí, pero lo hace a dos velocidades. La de los que tienen pa' cambiar flotillas enteras y la de los que siguen respirando diésel todos los días.
La última milla sí cuenta, pero no es toda la carrera
Dejémonos de engaños: la electrificación del reparto urbano ya es rentable. Adrián Enciso, de General Motors México, lo reconoce sin rodeos. Las empresas ya no miran solo el precio del vehículo, sino el costo total de operación. Ahorro en energía, menor mantenimiento, cumplimiento regulatorio. Hasta Manuel Tamayo, de Element Fleet Management, confirma que operar un eléctrico puede salir entre 3 y 5 por ciento más barato que uno de combustión.
Y ojo, en ciudades con restricciones ambientales la cuenta es todavía más favorable. Nada de doble no circula, nada de contingencias, nada de estar cambiando unidades. El vehículo eléctrico ya compite de tú a tú cuando uno mete todo en la ecuación.
Pero eso es la última milla, la entreguita en la colonia, el repartidito en el centro. ¿Y el resto? ¿Y el transporte que mueve la economía popular?
El transporte pesado: el gran abandonado
Aquí es donde la historia se pone fea. De 10,038 vehículos comercializados al menudeo entre enero y abril de este año, solo 70 fueron eléctricos y 30 híbridos. Y en producción nacional, apenas se fabricó una sola unidad en el trimestre. Una. Como si fuera un chiste, pero no hay de qué reírse.
Los obstáculos son estructurales: autonomía limitada, baterías que pesan lo suyo, tiempos de recarga eternos y una ausencia total de corredores eléctricos. Las grandes marcas como Daimler, Scania y Volvo están desarrollando plataformas, pero el avance es lento, muy lento. Mientras tanto, los conductores de carga pesada siguen expuestos a combustibles sucios y condiciones que nadie con poder se digna a mejorar.
Infraestructura: los cargaditos para los que ya tienen
La Electro Movilidad Asociación reporta que la red de recarga pública pasó de 3,514 a 4,378 posiciones, y la privada alcanzó 55,224. Suena mucho, ¿verdad? Pero salga de CDMX, Monterrey o Guadalajara y verá cómo la cobertura se desvanece como agua en el desierto. En las comunidades, en los pueblos, en las carreteras de paso, no hay nada.
Andrei López, CEO de Ce Neutral, lo dice sin pelos en la lengua: el gobierno tiene que ser el habilitador de las políticas públicas. Y no solo eso, advierte que la expansión acelerada podría saturar transformadores y redes urbanas que no fueron diseñadas para este nivel de consumo. O sea, que si no hay planificación, el apagón nos pilla a todos.
Dependencia china: ¿otra vez dependiendo de afuera?
Algo que pocos quieren decir en voz alta: la mayoría de los eléctricos que circulan en México son chinos. Eugenio Grandio, presidente de la EMA, lo explica con crudeza. Mientras otros países hacían híbridos o diésel, China trabajó 15 años en desarrollar tecnología, patentes, proveedores y baterías. Hoy hay al menos seis modelos por debajo de los 500 mil pesos, gracias a fabricantes chinos.
¿El problema? Que si México no desarrolla sus propias capacidades industriales en baterías, software y proveeduría especializada, vamos a terminar igual que siempre: dependientes, subordinados, pagando lo que nos pongan. Ya basta de ser maquiladora del mundo. Se necesita industria propia, tecnología propia, soberanía energética de verdad.
Lo que falta y lo que urge
Los expertos señalan seis ejes para acelerar la transición, pero desde el pulso popular le agregamos lo que de verdad importa: que la electromovilidad no sea privilegio de corporaciones, que el transporte público y el de carga pesada entren de lleno en la agenda, que la infraestructura llegue a las comunidades y no solo a las zonas comerciales, y que México construya su propia cadena productiva.
Adrián Enciso apunta tres prioridades para los próximos cinco años: cargadores rápidos en ciudades y corredores logísticos, redes de distribuidores equipadas y capacitación técnica para desmentir mitos. Todo necesario, todo urgente, todo insuficiente si no hay voluntad política de verdad.
La transición energética no puede ser un negocio de élite. O es para todos y todas, o no es transición, es maquillaje verde. El pueblo no puede seguir pagando con su salud la lentitud de quienes solo miran por sus ganancias. Ya es hora de que la electromovilidad también sea cosa nuestra.