Hace unos días les contaba de mis andanzas por Río de Janeiro, esa ciudad de contrastes que nunca deja indiferente a nadie. Pero hoy quiero hablarles de algo que me llegó al alma: un proyecto que le está devolviendo la palabra a los más pequeños, a esos que casi nadie escucha. Se trata del Núcleo de Filosofía de la Infancia de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (NEFI/UERJ), fundado hace más de 20 años por el profesor Walter Omar Kohan.
¿Y qué es lo que hacen? Pues nada más y nada menos que juntar filosofía, pedagogía e infancia, apoyándose en pensadores como Simón Rodríguez, Matthew Lipman y Paulo Freire. Pero ojo, no es la típica academia aburrida y elitista. Aquí, como dice el propio Kohan, todos tienen voz y reciben un trato igualitario. Sus principios son cinco: preguntarse, escuchar, presentarse, errar, infanciar y contracolonizar. Una filosofía que sueña, que tiene esperanza en otros mundos posibles.
¿Qué es el NEFI y por qué debería importarnos?
Este núcleo no se queda en las torres de marfil. Organiza experiencias de formación intensiva en Ilha Grande, publica la revista Childhood & Philosophy y tiene una editorial con cuatro colecciones, con todos sus libros disponibles para descarga gratuita en filoeduc.org/editora. Pero lo más potente son sus coloquios internacionales, que desde 2002 se celebran cada dos años. Empezaron con 500 participantes y hoy superan el millar.
Y no es casualidad que estos encuentros hayan sido parte de la resistencia. En 2016, el octavo coloquio se celebró en pleno golpe de Estado contra Dilma Rousseff, y fue un espacio de resistencia. El siguiente también se hizo en medio del ataque contra la universidad pública brasileña. Aquí no se callan, compadre.
¿Qué pasó en el decimotercer coloquio?
Este año, durante 10 días de agosto, se realizó el decimotercer coloquio bajo el lema Tierras infantiles: fisolofar entre migraciones, acentos y condimentos. Y esa palabra, fisolofar, no es un error de dedo. Viene de una experiencia real de la investigadora Edna Olimpia da Cunha con niños de una escuela pública de la periferia de Río. Los chavitos, cambiando las sílabas de lugar, preguntaban: “Tía, ¿hoy habremos fisolofía?”. Así, los niños inventan su propia palabra, una que desplaza a la filosofía de sus territorios tradicionales y la trae a su tierra.
En este coloquio tomaron una decisión valiente: quitar de la programación las conferencias magistrales, las presentaciones de trabajos y los textos académicos extensos. En su lugar, textos breves e inquietantes, grupos de estudio y espacios de discusión. Como dice Kohan: “No fue fácil asumir esta posición, y tampoco lo será. Ni para quienes prefieren aprender de alguien que supuestamente ya sabe, ni mucho menos para quienes desean enseñar aquello que creen que el otro debe saber”.
¿Por qué los niños son migrantes en el mundo de los adultos?
La metáfora es poderosa: los niños son migrantes que hablan con acento distinto, desde otro espacio del pensamiento. En un mundo donde los adultos creemos tener todas las respuestas, ellos nos invitan a errar, a preguntarnos, a combatir nuestras certezas. El formato del evento es en sí mismo una forma de resistencia, no como respuesta directa, sino como desviación, como afirmación de una tierra que no es territorio.
Kohan lo dice claro: “A partir de estas provocaciones, esperamos haber avanzado en las líneas que delinean lo que es la infancia y cuál es su lugar, problematizando, en el contexto político que es el nuestro, el sentido de la educación y, en consecuencia, el sentido de la propia actividad docente”.
¿Qué podemos aprender en México de esta experiencia?
Aquí en México, donde la educación pública está bajo constante ataque y los maestros son criminalizados, esta experiencia brasileña es un faro de esperanza. Nos muestra que otra educación es posible, una que no reproduzca las jerarquías y las desigualdades, sino que afirme la vida, el pensamiento y la alegría.
El llamado de Kohan es claro: “Esperamos que esta reflexión nos permita seguir afirmando la educación pública, creando relaciones errantes, más alegres y potentes entre nosotros y los demás”. Y eso, queridos lectores, es justo lo que necesitamos: tejer juntos, errando, en el espacio del pensamiento y de la vida, líneas y flujos que afirmen otra política, otro pensamiento, otra vida.
Así que ya saben: descarguen los libros, asómense a la revista, miren hacia esta formidable experiencia. Porque si los niños de la periferia de Río pueden filosofar, ¿por qué los nuestros no?
Nota: todas las ideas y citas son de Walter Kohan. Espero haberlo interpretado bien, y si no, lo importante es llamar a quienes estamos pensando en México los problemas de la educación a mirar hacia esta experiencia.