Por defender a su amiga, Ingrid terminó con el rostro destrozado a patadas en Veracruz
Veracruz, Ver. — A una semana de la golpiza, los moretones bajo el ojo izquierdo de Ingrid Alexis Luing Morales todavía no se borran. Su nariz, que aquel domingo 1 de julio llevaba un toque de rubor para celebrar el partido México contra Ecuador, ahora tiene una línea que delata la fractura. Y aunque los médicos le ordenaron reposo, ella trabaja a escondidas. No le queda de otra: es madre soltera de dos niñas y el dinero no espera.
Todo empezó cuando Ingrid, de 35 años, vio cómo un grupo de hombres golpeaba a su amiga Paulina Arenas en plena calle, afuera del bar Coctelito, a unos pasos de la estatua de Cuauhtémoc en el puerto de Veracruz. Sin pensarlo dos veces, gritó: “¡Suéltenla, ya déjenla!”. Esa fue su primera interacción con Fabián “N”, alias “El Fire”, un tipo que, según vecinos, ya tenía fama de violento con las mujeres.
La segunda interacción fue un golpe en las piernas para hacerla arrodillar. La tercera, una lluvia de patadas en la frente, la nariz, los ojos y la boca. Hasta que alguien logró detener la agresión. Para entonces, Ingrid ya estaba bañada en sangre.
El agresor se fue como si nada, mientras la policía miraba
Fabián “N”, junto con Brayan “N” y otros cómplices, huyeron en un vehículo blanco. Ni los policías ni los marinos que estaban cerca pudieron detenerlos. Paulina, de 32 años y madre de dos adolescentes, terminó con dos costillas fisuradas, una luxación en el cuello y hematomas de la pierna al rostro.
Al día siguiente, Ingrid fue a la Fiscalía Especializada en Delitos Contra las Mujeres y Trata de Personas a denunciar por violencia de género en sus modalidades física y psicológica. En Veracruz, de enero a mayo de 2026, ya se habían abierto mil 120 carpetas de investigación por este delito. Es el segundo más investigado contra la familia, solo detrás de la violencia familiar, que suma 4 mil 643 casos.
El terror no termina en la denuncia
Ingrid pensó que al mostrar su rostro golpeado en redes sociales para pedir ayuda encontraría justicia. En cambio, encontró revictimización. Usuarios difundieron que ella era pareja de Fabián, algo falso. Ahora siente que tiene que explicar una y otra vez que nunca había cruzado palabra con él, que solo eran vecinos de la misma colonia.
“Era conocido de mis conocidos. Nunca había yo cruzado palabra con él. Eso sí, es muy sabido que el tipo es agresivo y gandalla”, cuenta mientras trabaja colocando extensiones de pestañas, acompañada de Paulina.
El miedo las persigue hasta en sueños. Se despiertan asustadas. Cualquier extraño que se acerca en la calle les acelera el corazón. Y para colmo, conocidos y familiares de Fabián “N” revisan constantemente sus redes sociales.
“Es como esa psicosis que traigo porque dicen que él es agresivo. A lo mejor me quiera callar, porque eso puede pasar, ¿no?”, dice Ingrid con la voz entrecortada.
Mientras tanto, los feminicidios siguen
El miedo de Ingrid no es un caso aislado. Entre enero y junio de 2026, en la ciudad de Veracruz se registraron al menos tres feminicidios: el de Fátima Estefanía Ortiz (31 de enero, en Hacienda Sotavento), el de Teresa Martínez (19 de mayo) y el de Noemí del Carmen Merlín (29 de junio).
Los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) son escalofriantes: la violencia de género en todas sus modalidades pasó de 162 carpetas de investigación en enero a 279 en junio de 2026. Un aumento del 72.22 por ciento en solo seis meses.
¿Dónde está la justicia para Ingrid y Paulina?
La Fiscalía de Veracruz investiga la agresión bajo la carpeta 2077/2026. Mientras tanto, Ingrid y Paulina asisten a sesiones de atención psicológica en el Instituto Municipal de la Mujer en Veracruz (INMUVER). Pero el miedo no se quita con terapias cuando el agresor sigue libre.
“Me siento muy impotente. Verme golpeada, que mis hijas o mi mamá me vean así, me duele mucho. Me siento muy vulnerable”, confiesa Ingrid, mientras Paulina la mira con culpa y gratitud a la vez.
“Siempre estoy con el ‘hubiera’. ¿Qué hubiera pasado si la tiraba encima de las motos?”, se pregunta Paulina, recordando que su amiga cayó sobre las llantas de una moto, no sobre el metal.
En un país donde las mujeres son golpeadas, violadas y asesinadas con impunidad, la historia de Ingrid y Paulina no es una excepción. Es la regla. Y mientras el sistema no actúe, ellas seguirán trabajando a escondidas, durmiendo con un ojo abierto y preguntándose cuándo será la próxima vez.
Foto: La Silla Rota