Los bonos del Tesoro estadounidense tocaron en septiembre su nivel más alto en más de dos décadas, y esa noticia, que suena lejana para quien apriacha el cinturón cada quincena, explica buena parte del dolor de bolsillos en todo el planeta. El bono a 10 años alcanzó un rendimiento de 5.3%, cifra que no se veía desde 2002, mientras el bono a 2 años subió 54 puntos base hasta 4.9%, según reportó El Financiero a finales de octubre de 2026.
Traduzcamos esto al idioma de la gente. Cuando el gobierno de Estados Unidos paga más por pedir prestado, los créditos se encarecen en cadena para todos: hipotecas, tarjetas, empresas pequeñas, países del sur global. La Reserva Federal subió su tasa de interés 25 puntos base más, hasta un rango de 3.75% a 4.00%, con una votación unánime de su comité. El presidente de la Fed, Warsh, lo describió con una frialdad de contable: se trataba de retirar una dosis de acomodamiento. Dosis, dicen, como si el dinero barato fuera una medicina y no el oxígeno con el que respiran los trabajadores endeudados.
Guerra, petróleo caro y una Fed que aprieta el cinturón ajeno
El repunte de los rendimientos tuvo varios papás. La guerra en Irán mantuvo el barril Brent en 100 dólares, encareciendo combustibles y reavivando el fantasma inflacionario. A esto se sumó la Fed con su postura restrictiva, y un aparato productivo que aún no se rinde: el índice PMI de Estados Unidos llegó a 58.4, su mejor lectura desde julio de 2021.
Pero hay algo más profundo, y ahí está la letra chica que casi nadie lee. El déficit federal estadounidense ya alcanza los 2 billones de dólares, y los mercados desconfían de que la clase política, la misma que financia guerras y rescata banqueros, tenga voluntad de corregirlo. Además, inversionistas globales como los japoneses, que ahora tienen tasas más altas en casa, podrían repatriar su dinero y dejar de comprar Treasuries. Estrategias de Inversión señala que los rendimientos reales del Tesoro a 10 años rondan el 2.65%, todavía por debajo del 3% a 4% que podría empezar a frenar de verdad la economía. O sea, que todavía hay cuerpos que resisten la sangría.
La cara popular de las cifras frías
Aquí viene lo que de verdad importa en este espacio. El mercado laboral estadounidense ya dio señales de agotamiento: solo se crearon 29 mil empleos el último mes, muy por debajo de los 90 mil esperados y de un promedio de 50 mil en los últimos tres meses. El desempleo subió de 4.1% a 4.2%, y los salarios de los trabajadores de producción crecen a un ritmo menor que la inflación. Los de siempre ganan menos de lo que pierden.
Mientras tanto, la fiesta bursátil sigue para unos cuantos. El S&P 500 acumula una subida de 13% este año, empujado por el superciclo de ganancias de la inteligencia artificial, mientras el índice de deuda Bloomberg Aggregate cae casi 3%. La brecha entre la renta fija y las acciones en Estados Unidos se abrió como nunca. En septiembre, tecnología y servicios de comunicación fueron los únicos sectores en verde, con alzas de 5% y 3%; el consumo básico se hundió 15% y el discrecional 6%. Es decir: quien vende comida y ropa al pueblo la está pasando mal, y quien vende chips para servidores de IA nada en dinero.
J.P. Morgan Private Bank argumenta que el repunte de los rendimientos no significa que la inflación haya dejado de importar, sino que el mercado está más centrado en las implicaciones para el crecimiento de ventas en el ámbito de la IA. El dios mercado, parece, ya solo tiene ojos para las máquinas.
¿Y ahora qué viene para las tasas?
Según el análisis recogido por El Financiero, los rendimientos podrían moderarse en los próximos meses. El mercado anticipa un ciclo agresivo de alzas en 2027, con una tasa de política monetaria cercana al 5%, pero la Fed podría subir menos de lo que hoy se estima. La inflación anual del CPI está en 3.4%, aunque la inflación núcleo se encuentra más baja, en 2.5%, y el core PCE también sorprendió a la baja en agosto.
El PIB del tercer trimestre será fuerte, pero perdería impulso hacia fin de año y durante 2027: el consumidor enfrenta gasolina más cara, condiciones financieras más restrictivas y menos estímulo fiscal. Si el crecimiento y la inflación se moderan, los rendimientos tenderían a ceder, sobre todo en el tramo corto de la curva.
Lecciones para el bolsillo, no para la especulación
Los analistas de Wall Street recomiendan quedarse en la renta fija de corto y mediano plazo estadounidense, con rendimientos cercanos a 5.6% en el índice Bloomberg Aggregate, y ser cautelosos con los bonos largos, expuestos a choques como impasses en el techo de la deuda o nueva presión en el petróleo. VT Markets documenta cómo el dólar rebota frente al franco suizo impulsado por estos mismos Treasuries cerca del 5%, una muestra de cómo el dinero caliente corre tras la tasa más alta sin frontera moral alguna.
Para el pueblo trabajador, la lectura es otra. Tasas altas por más tiempo significan créditos caros, empresas pequeñas asfixiadas y gobiernos del sur global pagando fortunas por su deuda externa. Mientras los grandes fondos discuten si concentrarse en semiconductores o en bancos asiáticos, el consenso proyecta un aumento de 32% en las utilidades del S&P 500 en 2026. Las ganancias siguen privatizadas; el ajuste, socializado.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa que el bono del Tesoro a 10 años llegue a 5.3%?
Es el rendimiento más alto desde 2002. Implica que pedir dinero prestado cuesta más en Estados Unidos, y ese costo se transmite a créditos, hipotecas y finanzas de todo el mundo.
¿Por qué subieron los rendimientos de los bonos en septiembre de 2026?
Por la guerra en Irán y el petróleo Brent en 100 dólares, un aumento de tasas de la Reserva Federal, indicadores económicos fuertes, un déficit federal de 2 billones de dólares y dudas sobre la demanda extranjera de Treasuries.
¿Van a seguir subiendo las tasas?
El análisis sugiere que podrían moderarse: la inflación núcleo está en 2.5%, la creación de empleo se desacelera y el crecimiento perdería impulso en 2027, lo que presionaría los rendimientos a la baja, especialmente en el tramo corto.
