Adidas explota a artesanas y Cultura responde: que se capaciten
La multinacional Adidas pagó miserables 36 pesos la hora a artesanas indígenas de Naupan, Puebla, les encargó bordados ajenos a su tradición y les negó el seguro médico que les había prometido. ¿Y qué hizo la Secretaría de Cultura? Les dijo que se capaciten.
Así de crudo, compas. Mientras la marca alemana se llenaba los bolsillos con su colección «Someone Somewhere» para el tercer jersey de la Selección Mexicana, las mujeres que hicieron posible ese trabajo estaban siendo tratadas como mano de obra barata. Y la respuesta institucional no fue exigir responsabilidades a la empresa, sino mandar a las artesanas a hacer fila y buscar asesoría por su cuenta.
El atropello que nadie quiere nombrar
Tatiana Bernaldez, experta en simbología textil de Naupan y cercana a las artesanas que laboraron con Adidas, lo denunció con toda claridad: la marca las usó para una colección especial, les hizo ejecutar técnicas que no son de su tradición, les pagó una miseria y les incumplió el seguro médico. O sea, el paquete completo de explotación laboral y saqueo cultural.
Pero cuando la subsecretaria de Desarrollo Cultural, Marina Núñez Bespalova, fue cuestionada al respecto, su respuesta fue un ejercicio de esgrima verbal. Primero aclaró que no se estaban «desmarcando», y luego soltó la perla: los artesanos tienen la libertad de hacer transacciones con quien crean prudente. Es decir, ustedes solitos, compas, allá se las arreglen.
«La mayoría de los artesanos pueden recibir el apoyo del Estado a través de las distintas ventanillas que tiene la Secretaría de Cultura para acompañarlos en estas transacciones comerciales. Si ellos no lo desean, nosotros no vamos a estar interfiriendo en lo que ellos pueden hacer o negociar, porque sería intervenir en un espacio privado».
Traducción: si una trasnacional le paga 36 pesitos la hora a una artesana indígena y le niega el seguro, es un «espacio privado» donde el Estado no va a meter las manos. Así de conveniente resulta la lógica institucional cuando se trata de defender a los de arriba.
Capacítense, pero no los defendemos
Núñez Bespalova insistió en que el «corazón» del proyecto Original son las capacitaciones, y que tienen alianzas con Fonart y con el Instituto Nacional del Derecho de Autor (Indautor) para ampliar los apoyos. Hizo un llamado a la comunidad artesanal para que se acerque si enfrentan «plagio» o «intercambio injusto».
Pero la pregunta queda flotando como globo en feria: ¿por qué la carga de la defensa recae siempre sobre los de abajo? ¿Por qué una artesana de Naupan tiene que saber de derechos de autor y buscar ventanillas, mientras Adidas opera con total impunidad?
La verdadera maestría no está en Adidas
Al menos, la subsecretaria tuvo el tino de señalar que el trabajo que las artesanas de Naupan hicieron para Adidas es apenas «una parte mínima» de su gran maestría técnica en el bordado, y que su verdadera artesanía, como el «pepenado hilván», se puede apreciar en otros espacios, incluyendo el festival Original.
«Son artistas todas ellas y lo que están mostrando en esta colaboración es una parte mínima de su gran maestría técnica en el bordado. Aquí estamos con toda la información que sea necesaria para apoyar a cualquier tipo de comunidad».
Reconocer el valor del arte indígena está bien. Pero las palabras solitas no pagan cuentas ni curan enfermas. Mientras el Estado no ponga el pecho contra las trasnacionales que expolian la cultura y el trabajo de los pueblos originarios, las capacitaciones seguirán siendo un paliativo bonito para una herida que necesita justicia de verdad.
Las artesanas de Naupan no necesitan que les den un cursito. Necesitan que se respete su trabajo, que se les pague como seres humanos y que el Estado las defienda en lugar de mandarlas a hacer fila. ¿Tanto pedir?