En la Ciudad de México, miles de jóvenes y mujeres han encontrado en las apps de reparto y en los oficios de belleza la única vía para ganar más que un salario mínimo que no alcanza ni para comer fuera de casa. Como documentó La Silla Rota en su reportaje publicado el 31 de octubre de 2026, detrás de la promesa de independencia hay jornadas de hasta 14 horas, competencia feroz y cero seguridad social.
No es emprendimiento, señores. Es sobrevivencia pura.
Motos, mochilas y un sueldo que no llega
Alejandro tiene 20 años y reparte pedidos para DiDi y Uber. Su jornada arranca temprano y termina cuando la ciudad ya duerme: entre 12 y 14 horas al día, metido en el tráfico y esperando afuera de restaurantes a que alguien termine de preparar una hamburguesa.
Lo más duro, cuenta, no es tanto manejar, sino el tráfico y las esperas. En un buen día puede sacar hasta mil pesos, una cifra considerable frente a los 2 mil o 2 mil 500 pesos semanales que le ofrecerían en otros empleos. Con eso paga renta, comida y hasta le sobra; juntó para su moto en mes y medio.
Pero ojo: sin seguridad social, sin descanso, sin red. Y la cuenta no cierra cuando cae el último pago; falta gasolina, mantenimiento y las horas invertidas para conseguir cada peso. DiDi Moto promociona hasta 5 mil pesos semanales, pero eso es publicidad, no ganancia garantizada.
Uñas, pestañas y paciencia de santa
En la calle de Molinos, en Mixcoac, Vero enseña a colocar uñas y pestañas en cursos de siete semanas que se llenan y hasta dejan lista de espera. Unas 20 mujeres por generación, la mayoría entre 16 y 30 años, pagan 500 pesos semanales por los materiales con la esperanza de ganar 16 mil pesos al mes: el doble del salario mínimo de referencia.
Margarita, de 34 años, lleva años en el oficio y le pone los pies en la tierra a quien crea que esto es dinero fácil.
Se dejan llevar por lo fácil que lo ven, porque creen que se gana bien. Yo no digo que no, pero cuando están ahí, ya no aguantan.
En una buena jornada de diciembre puede sacar entre 2 mil y 2 mil 500 pesos trabajando de ocho a diez horas. Pero diciembre no dura todo el año, y cuando le preguntan cuánto gana normalmente, prefiere no dar cifra.
Paola, de 31 años y madre de dos niñas, lleva seis aplicando pestañas. Trabaja entre seis y siete horas diarias para sacar entre 3 mil y 4 mil pesos semanales, y ya ve el mercado saturado: Hay muchos lugares, ya demasiados. Hay niñas como de 15 o 16 años haciendo este tipo de cosas.
No son emprendedores: son sobrevivientes
El profesor José Antonio Pérez Islas, de la Facultad de Trabajo Social de la UNAM, le puso nombre a la cosa en el reportaje: estos empleos son refugios, no sueños empresariales.
Uno de los refugios más importantes en materia de empleo son este tipo de ocupaciones que llamamos mercados informales de fácil acceso.
Según el informe Jóvenes en México 2026, elaborado por la Fundación SM y el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica, siete de cada diez jóvenes ganan apenas un salario mínimo y otro 20 por ciento llega hasta dos. O sea, nueve de cada diez jóvenes viven en esos niveles de ingreso. Además, seis de cada diez provienen de sectores de pocos recursos.
¿Y qué pueden hacer con ese dinero? Prácticamente nada, responde el especialista: sobrevivir. Por eso tantos siguen viviendo con sus papás; independizarse es una meta cada vez más lejana.
No creo que lo vean como un emprendimiento. Lo ven como una salida muy inmediata, muy coyuntural.
Un salario mínimo que no estira
Para 2026, el salario mínimo general llegó a 315.04 pesos diarios, con una recuperación de alrededor de 154 por ciento en términos reales frente a 2018, según explica El Universal. Recuperación histórica, sí, pero que choca con la vida diaria.
Y es que, como reporta El Imparcial citando una investigación de la UNAM, los trabajadores mexicanos destinan hasta 30 por ciento de su salario diario para comer en la calle, con gastos de entre 150 y 200 pesos en tortas, tacos y café. Para quien gana el mínimo, eso es más de 60 por ciento del ingreso del día solo para alimentarse durante la jornada.
Ahí está la respuesta de por qué Alejandro prefiere 14 horas sobre dos ruedas antes que un empleo fijo con horario estable.
La estética como sostén familiar
Elida, de 43 años, aprendió el oficio en Nicaragua y con él ha sostenido casi toda su vida. De aquí, de mi trabajo, ha salido todo, dice. Tras una década trabajando para ajenos, se independizó en la pandemia, aunque montar su estética le costó unos 70 mil pesos, y hoy calcularía unos 100 mil.
Ha enseñado el oficio a otras mujeres, muchas de ellas madres que necesitaban ingresos. Siempre hay clientas que quieren estar bonitas y arreglarse, dice. Y esa es una de las claves: aunque el dinero escasee, la gente reserva una parte para verse bien.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto gana un repartidor de apps en la Ciudad de México?
Según el reportaje de La Silla Rota, un repartidor como Alejandro puede obtener hasta mil pesos en un día intenso, trabajando entre 12 y 14 horas, sin seguridad social y asumiendo los costos de gasolina y mantenimiento de su moto.
¿Cuánto puede ganar quien coloca uñas o pestañas?
Los ingresos varían: entre 3 mil y 4 mil pesos semanales en pestañas, según Paola, y hasta 2 mil o 2 mil 500 pesos en una buena jornada de diciembre en el caso de Margarita, con jornadas de seis a diez horas diarias.
¿Por qué los jóvenes optan por el trabajo informal?
Porque el salario mínimo no alcanza: nueve de cada diez jóvenes ganan hasta dos salarios mínimos, según el informe Jóvenes en México 2026, y el autoempleo permite ingresos más rápidos, aunque sin estabilidad ni prestaciones.
